LO QUE TE SOSTIENE Y YA NO VES

CÍRCULO ÁPICE · OCTUBRE, MES DE LA SALUD MENTAL 

La gratitud no niega las dificultades. Te devuelve la mirada sobre lo que sigue en pie.

Miguel Moreno Méndez · Coach & Consultor · Fundador de Ápice Consulting & Coaching

¿Cuándo fue la última vez que agradeciste algo que das por hecho? No un logro. No una buena noticia. Algo que ya estaba ahí antes de que abrieras los ojos esta mañana.

La carta que dejamos pendiente

El miércoles pasado te invité a escoger una emoción para cultivar. Entre las que te propuse estaba la gratitud. Esta semana quiero quedarme con ella, porque octubre es, por ley, el mes de la salud mental en Colombia, y pocas prácticas cuidan tanto el equilibrio interior con tan poco.

Pero antes quiero aclarar algo, porque sé lo que muchos piensan cuando escuchan la palabra.

Agradecer no es fingir que todo está bien

La gratitud no consiste en negar las dificultades. No es una sonrisa obligada ni un optimismo de afiche. Si hoy estás cansado, endeudado, dolido o confundido, nadie te pide que lo escondas.

La gratitud consiste en aprender a reconocer lo que sostiene tu vida, y que muchas veces dejas de percibir por estar demasiado pendiente de lo que falta. El dolor y la gratitud pueden estar en la misma mesa. De hecho, casi siempre lo están.

La queja es cómoda, y por eso es peligrosa

La queja tiene algo seductor: nos hace sentir que tenemos razón. Y muchas veces la tenemos. El problema es que, cuando vivimos instalados en ella, entrenamos a la mente para buscar la carencia. Cuanto más la practicamos, más rápido vemos lo que falta y más lento percibimos lo que hay.

No se trata de prohibirte quejarte. Se trata de no vivir ahí. Porque quien vive en la queja termina mirando su vida como un inventario de pendientes, y deja de ver a las personas, los gestos y las pequeñas certezas que lo mantienen en pie.

Lo que pasa en el cuerpo cuando agradeces

Me impresiona la investigación que se ha hecho sobre la gratitud y la salud. Trabajos como los del psicólogo Robert Emmons han encontrado que quienes la practican con regularidad reportan más bienestar, mejor descanso y una actitud más esperanzada frente a la vida.

Otros estudios la relacionan con el equilibrio del sistema nervioso: agradecer favorece estados de calma y ayuda a bajar la intensidad de la respuesta de estrés. Algunos sugieren incluso efectos favorables sobre la tensión arterial y la salud del corazón, aunque la ciencia sigue precisando cuánto y en quiénes.

Lo que sí parece claro es esto: el ser humano que vive en la gratitud tiende a estar más sano que cuando vive en la queja. No porque la gratitud sea magia, sino porque cambia desde dónde miras, cómo respiras y cómo te relacionas con tu propia realidad.

Agradecer también es un acto de fuerza

A muchos hombres nos enseñaron que necesitar a otros era debilidad. Por eso nos cuesta tanto decir «gracias» de verdad. No el gracias de cortesía, sino el que reconoce: tú me sostienes, sin ti no habría llegado hasta aquí.

Yo hoy lo veo distinto. Hace falta coraje para admitir que no lo logramos solos. Para reconocer que lo que damos por hecho, un cuerpo que respira, una mesa compartida, unos hijos que te abrazan, una llamada a tiempo, nunca estuvo garantizado. Un hombre que agradece no es más débil. Es más consciente. Y esa consciencia, vivida con el corazón abierto, es una de las formas más honestas de vulnerabilidad.

Las raíces no se ven

Piensa en un árbol. Cuando lo miramos, contamos los frutos que le faltan, las ramas secas, las hojas que se cayeron. Casi nunca pensamos en las raíces. Y sin embargo son ellas las que lo mantienen en pie cuando llega el viento.

Tu vida también tiene raíces: personas, aprendizajes, fe, salud, historias que te formaron. No se ven en el día a día. Pero cuando sopla fuerte, son lo único que te sostiene. La gratitud es el ejercicio de volver a mirarlas.

La queja te muestra lo que falta. La gratitud te muestra lo que te sostiene. Las dos son ciertas. Tú decides dónde vives.

Antes de que termine el día

Te propongo algo sencillo para hoy:

  1. Escribe tres cosas que das por hecho. Concretas, no generales. No «mi familia», sino «el desayuno que compartí con mi hija».
  2. Escoge a una persona que te sostiene y díselo hoy, con nombre propio y sin rodeos.
  3. Observa tu queja más repetida y pregúntate: ¿qué hay de valioso en esa misma situación que no estoy viendo?

El miércoles te comparto tres rutas para que la gratitud deje de ser un buen momento y se convierta en un propósito de vida.

Si lo que sientes pesa más de lo que puedes cargar, no lo cargues solo. Pedir ayuda también es valentía. En Colombia está la Línea 192, opción 4, y en Bogotá la Línea 106.

Te dejo una pregunta: ¿qué hay hoy en tu vida que agradeces y que a veces das por hecho? Escríbelo en los comentarios. Una línea basta.

Miguel Moreno Méndez

Coach & Consultor · Fundador de Ápice Consulting & Coaching

Del ser para el hacer, y del hacer, retornando al ser.

El que se gobierna, gobierna.

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